Elephant Rosa

𝒢𝓊𝒾́𝒶 ℯ𝓈𝓅𝒾𝓇𝒾𝓉𝓊𝒶𝓁 𝓅𝒶𝓇𝒶 𝓁ℴ𝓈 𝓃ℴ 𝓉𝒶𝓃 ℯ𝓈𝓅𝒾𝓇𝒾𝓉𝓊𝒶𝓁ℯ𝓈.

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1- Generosidad. Se considera el antídoto para la avaricia. Hay distintos tipos de generosidad:
- Generosidad material: Es dar cosas materiales.
- Pequeña generosidad: Es satisfacer las necesidades materiales de los que no tienen, compartiendo lo que tenemos con los demás.
- Mediana generosidad: Es ofrecer sin apego lo que se posee.
- Gran generosidad material: Es la de los Bodhisatvas, quienes ofrecen su propio cuerpo, pues han cortado con el apego a éste.
- Generosidad a través de las enseñanzas del Dharma: Es el dar y/o otorgar amorosa y compasivamente las enseñanzas espirituales.
- Generosidad a través de la protección: Es dar protección y refugio al necesitado, protegiéndolo de los distintos temores que lo abruman.
- Generosidad a través del amor: Es suplir las carencias como comida al hambriento, de beber al sediento, etc. Debe hacerse con profundo amor hacia ese ser, con la motivación de liberar a todos los seres sintientes del Samsara.

2- La Disciplina o Ética-Moralidad: Se considera el antídoto para renacer en los reinos inferiores. Hay tres tipos de moralidad:
- La confesión de las no virtudes.
- Acumulación de actos virtuosos.
- Dedicar el resultado de nuestras acciones virtuosas para beneficio de todos los seres sintientes.

3- La Paciencia: Es considerado el antídoto de la emoción aflictiva de la ira.
Es considerada la más valiosa virtud. Existen distintos tipos:
- Cuando somos agredidos, ya sea física o verbalmente, es no involucrarse con la emoción aflictiva que genera la agresión, sino responder con ternura, amor y compasión, pensando que ese ser que nos agrade está bajo el dominio de las emociones aflictivas y que a través de su agresión nos está brindando la posibilidad de practicar la paciencia. La ira destruye todo el mérito que hayamos acumulado en muchos eones de tiempo.
- La paciencia del Dharma necesaria para resistir largas jornadas, el frió o calor, al que podamos estar expuestos mientras se realiza la práctica,
- La paciencia ante las altas enseñanzas. Al recibir enseñanzas en la Verdad Ultima o Vacuidad, aun cuando no logremos su completa comprensión, pensar que no es culpa de las enseñanzas sino, de la ignorancia que nos impide la total comprensión.

4- El Entusiasmo: Es considerado el antídoto contra la pereza. Existen tres tipos:
- Como una armadura, que protege de las emociones aflictivas y permite a los practicantes alcanzar el objetivo de la Iluminación.
- Disponibilidad, aprovechar la oportunidad de contar con un precioso cuerpo humano y con tiempo para dedicarlo a la práctica.
- Insaciabilidad ante la práctica. No contentarse con los avances obtenidos en la práctica, sino hasta alcanzar el objetivo último de la liberación.

5- Meditación-Concentración: Se considera el antídoto para la distracción.
Hay tres tipos:
- Meditación en calma mental (Shiné-Shamata). Obtención de la claridad y gozo de la meditación libre de dudas; a través de este método se obtiene el despertar de la mente, alcanzando una mente clara, despierta, concentrada en cada actividad que se realiza.
- Análisis de las enseñanzas. A través de la meditación sin apego a la claridad ni al gozo, surge la meditación de comprensión intuitiva, pues se medita en la realización de la vacuidad, antídoto para el aferramiento al yo.
- Meditación en lo absoluto. La meditación no se realiza con el objetivo de cortar la dualidad y realizar la vacuidad, pues en este estado ya no hay nada a que aferrarse ni nada que soltar, por esto se llama a este estado la perfecta meditación

6- La Sabiduría. Es considerada el antídoto contra la ignorancia. Existen tres tipos:
- Escuchar las enseñanzas. Es importante escuchar atentamente las enseñanzas para obtener posteriormente los resultados.
- Reflexionar en el significado de las enseñanzas. Una perfecta comprensión nos permite realizar las enseñanzas por nosotros mismos.
- Meditación de la sabiduría. Es la capacidad de reconocer y realizar la naturaleza de la mente.


Naturaleza Búdica:
También se le conoce a esta enseñanza como Naturaleza de la Mente o Dharmakaya.
La capacidad de cortar con el estado de sufrimiento para alcanzar la iluminación, se encuentra presente en todos los seres por igual, esta capacidad o Naturaleza Búdica es en esencia pura, no contaminada: no obstante, para los seres sumidos en la ignorancia, dominados por la acción de las emociones aflictivas, es difícil realizar esta Naturaleza Búdica, que aunque está presente, se encuentra empañada por obscurecimientos.
La Naturaleza Búdica permanece presente en nosotros, aun cuando estemos alterados por las emociones aflictivas. Nos hace ser iguales en esencia a los Budas, solo que no hemos podido dejar las emociones conflictivas y la ignorancia a un lado. El sol siempre brilla sobre la faz de la tierra, solo que las nubes no dejan penetrar los rayos solares a la faz de la tierra. Es básicamente lo mismo con la Naturaleza Búdica, nuestras nubes o emociones aflictivas e ignorancia, no nos permite que la luz de la sabiduría llegué a nuestra tierra. Para eso hay un método y es el camino Tantrayana.

Otras enseñanzas relacionadas:

Las 10 no virtudes:
Hay tres “puertas”: Cuerpo, palabra y mente.
Cuerpo
- Matar: Quitar la vida de un ser sintiente a conciencia.
- Robar: Tomar conscientemente algo que no es de uno sin que se lo den.
- Mantener conducta sexual inadecuada: Mala conducta sexual.
Palabra
- Mentir: Decir algo que uno sabe que es falso, como si fuera cierto, para que se tome por verdadero. Exagerar, alterar la verdad.
- Causar división: Hablar mal de alguien y/o de los demás, causar separación o divisiones.
- Decir palabras hirientes: Palabras duras e hirientes.
- Charlas vacuas o sin sentido: Hablar sin sentido, parlotear, decir palabras vacuas o sin un destino productivo o edificante.
Mente
- Codicia: No estar contento con lo que se tiene y siempre esperando lo que no se posee.
- Pensamientos dañinos: Pensar mal, desear daño a otros.
- Visión incorrecta. Ver incorrectamente esta vida

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Las fuentes canónicas budistas como el Canon Pali registran las semanas que precedieron a la muerte de Buda, ocurrida tras ingerir alimentos envenenados a la edad de 80 años. Es un momento cumbre para el budismo, ya que el momento de la muerte del cuerpo físico del Buda implica la total disolución de los agregados que componen a la persona, eliminando así los “residuos” kármicos de lo atan a la existencia y permitiendo la liberación final de la rueda del samsara.

Luego de pronunciar un último sermón a sus discípulos, el Buda les recuerda que no deben tomarlo como la fuente de liberación aún después de su muerte, reafirmando su misión como guía y no como salvador. Se dice que se acostó sobre su lado derecho bajo dos árboles con el rostro vuelto hacia el norte, entrando en un estado de profunda meditación antes de morir. La historia del Paranirvana o nirvana final contenida en el Sutta Pitaka expresa las últimas palabras pronunciadas por el Buda antes de morir:

“Todas las cosas contingentes son no permanentes; esforzaos (hacia el nirvana) con diligencia.”

No es fácil enfrentarse con la idea de la total desaparición del propio “yo”, a pesar de que es una meta que se busca con la conciencia de que conduce hacia la disolución del sufrimiento. Consecuente con sus enseñanzas, las representaciones artísticas de la muerte de Buda buscan plasmar un gesto sereno y compasivo, el gesto de quien ha logrado “extinguir” la llama del ego y asume con absoluta paz interior el desprendimiento que comprende la existencia física y la disolución de la conciencia.
Los fieles budistas meditan y hacen ofrendas frente a este tipo de imágenes cómo un modelo, una forma idealizada de lo que la persona aspira a llegar a cultivar en su realidad interior.


Como podemos observar en la presente imagen, el cuerpo se encuentra recostado serenamente sobre su lado derecho en la postura conocida como la “postura del león dormido”, con la cabeza apostada sobre la palma de la misma mano y brazo izquierdo sobre el cuerpo, imitando la descripción de la postura del Buda Shakyamuni al momento de morir.

También se observa que la expresión facial del Buda es de total apacibilidad, incluso se le escapa una leve sonrisa. A pesar de que sus últimos momentos de vida incluyeron enfermedad y dolor físico, el budismo lo presente de una manera idealizada en la que lo que se busca no es enfatizar las características físicas de su muerte, sino la condición mental y emocional en la que él se encontraba y a la que todo budista aspira.

Para la shanga, la muerte de Buda es un momento crucial ya que representa el ejemplo máximo de la consumación de la propia búsqueda de la liberación del samsara. Sin embargo, la historia contada en el Canon Pali expresa reacciones totalmente humanas en las que a pesar del desarrollo espiritual y el trabajo emocional que las enseñanzas de Buda otorgaron a sus seguidores, estos reaccionaron de maneras diversas y profundamente emocionales, destacando la figura de su fiel asistente Ananda, quien se dice lloró desconsolado y fue confortado por el mismo Buda ante la inminencia de muerte.

Podemos encontrar dichas expresiones enmarcadas en diversas representaciones del arte budista, sobre la muerte de Buda en la que se puede observar cómo sus seguidores reaccionan con diversos grados de pesar o serenidad, reflejando de este modo su propio progreso espiritual. Sí la persona es capaz de afrontar la muerte de un ser amado con serenidad, entonces está aceptando desde su interioridad que se encuentra ante un hecho natural al que tarde o temprano se tenía que afrontar.

Destacando que las representaciones del Buda en el momento de su muerte cuentan con características propias de las culturas de donde surgen, todas buscan trasmitir el ideal de desapego, calma y compasión que implica el haber alcanzado la liberación de las ataduras mentales que causan el sufrimiento. Así, la representación del Buda en el pasaje al paranirvana intenta reflejar el estado de desprendimiento absoluto al que todo budista aspira y para lo que se prepara a largo de su vida. Intentaremos explicarlo.

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Se cree que Buda alcanzó el nirvana a través de la consecución de las Cuatro Nobles Verdades, las cuales que representan los verdaderos pilares del Budismo:

1. Toda existencia es sufrimiento (dukkha).
2. La causa del sufrimiento es el deseo (trishna).
3. El sufrimiento puede terminarse eliminando su causa.
4. El camino para eliminar el deseo es la Óctuple Noble Sendero (marga). Los elementos que la componen son comprensión correcta, pensamiento correcto, palabra correcta, acción correcta, medios de vida correctos, esfuerzo correcto, atención correcta, concentración correcta.

La palabra nirvana proviene del sánscrito que significa “enfriar soplando” y hace referencia a quien ha “enfriado” el fuego de los kleshas, es decir, obstáculos o venenos de deseo, odio e ignorancia que crean karma y atan al individuo al samsara. De ese modo, en los textos budistas la consecución del nirvana suele compararse con la extinción del fuego, asociando una llama extinguida con el retorno a un estado difuso, tranquilo y eterno.

Es esencial conseguir el nirvana a través del cultivo del prajna, es decir, “sabiduría” o “comprensión intuitiva”. De este modo, cuando hablamos del nirvana como un momento de Iluminación, estamos expresando la plenitud del prajna que permite ver el mundo con claridad sin negar la propia mortalidad, ni el sufrimiento que aflige a todos los seres en el samsara. La aceptación de este hecho existencial sería el primer paso hacia la liberación.

Ver con claridad implica percibir la no permanencia de la existencia, lo cual implica la ausencia del sí mismo (anatman), es decir, libre de cualquier identidad o atributo permanente. Las escuelas budistas insisten en la meditación como la práctica más importante para alcanzar el nirvana.
El nirvana constituye el cese de la existencia y por lo tanto, el cese de la realidad que esa existencia constituye. Es un concepto que escapa a la comprensión humana, no es algo que se pueda definir. Así lo expresa el Udana:

El cuerpo ha sido aniquilado;
la percepción ha sido detenida;
todas las sensaciones se han enfriado;
los samskaras han cesado;
la conciencia llegó a su fin.

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Los primeros textos budistas se escribieron tres siglos después del fallecimiento del Buda, por lo que los relatos en torno a su vida se transmitieron principalmente mediante la vía oral y comprenden una serie de prodigios y milagros que describen una vida predestinada a alcanzar la iluminación. Tanto la dimensión mundana como la sobrenatural tienen una importancia fundamental para los seguidores del Budismo pues el relato de la vida de Buda sirve para ejemplificar su papel como un ser humano que lucha y se esfuerza por alcanzar la iluminación.

El buda histórico o sakyamuni nace con el nombre de Siddhartha Gautama alrededor del año 480 a.C en Nepal, siendo heredero de un pequeño reino al norte de la India. De acuerdo con la tradición, pertenecía a la casta de los ksatrya, es decir, la casta a la que pertenecían los guerreros y los nobles de la estratificada sociedad hindú.

De acuerdo con la tradición, el joven Siddhartha creció siendo sobre protegido por su padre, quien le había evitado conocer la vejez, la enfermedad y la muerte. Salir a la calle era un peligro, podía enfermar, encontrarse en situaciones complicadas si no estaba preparado para imponerse, pues era al parecer un chico de talante más bien retraído.


La secuencia de sucesos expresan que este primer encuentro con la realidad, digamos, provocan en él un quiebro existencial. Primero se encuentra con un hombre muy enfermo, una condición que humana que él desconocía y que le conmueve profundamente. Después se encuentra con un hombre en la etapa de la vejez, enterándose de que es proceso inevitable que inicia al momento de nacer, dándose cuenta de que este mundo es efímero.

Más adelante se encuentran con una procesión funeraria. Es la primera vez que Siddhartha se da cuenta que la muerte es un momento inevitable para todo ser humano. Perturbado, en el camino de vuelta ve a un asceta de rostro tranquilo y sereno, cuya única posesión era su túnica amarilla y una escudilla de mendigo en sus manos. Era una asceta, una persona que había renunciado al mundo en busca de la verdad.

La literatura búdica tardía afirma que estas cuatro visiones afectan al príncipe de tal modo que tomó consciencia instantánea de la dimensión del sufrimiento humano y de la futilidad de la existencia real, por lo que decide convertirse en un mendicante errante en busca de una vida espiritual que le ayudase a encontrar una solución al dolor de la condición humana.

¿Son reales o legendarios estos cuatro encuentros? En las condiciones de vida de aquella época, que nadie enfermara en su entorno es una manera de hablar, que no viera envejecer a alguien allí donde viviera es una afirmación imaginativa, que ningún allegado muriera es una afirmación inverosímil. Increíbles son así los relatos religiosos.

Por lo tanto, la historia de los cuatro encuentros nos remite al intento del ser humano de negar la realidad de la pérdida, de alejarse de todo cuanto puede causarle algún dolor. Sin embargo, también advierte que es una realidad ineludible a la que tendremos que enfrentarnos nos guste o no.

Siddhartha emprende una búsqueda espiritual en la que primero practica el ascetismo extremo, privándose de casi todo alimento hasta encontrarse casi al borde de la muerte. Una versión legendaria cuenta que próximo a morir de inanición, escuchó a un maestro enseñándole a una niña tocar el sitar, indicándole que sí la cuerda estaba muy floja, no sonaría. Por el contrario, sí la cuerda estaba muy tensa, se rompería. En ese momento, Siddhartha comprendió que el camino correcto para buscar la Iluminación era el Camino Medio. Ésta doctrina supone el rechazo a los extremos, es decir, a la satisfacción excesiva de los placeres sensoriales, como a la privación excesiva.



La presente es una figura de Siddhartha realizada por la escuela de Gandara (s. III) que representa el camino errado. Su cuerpo luce esquelético, casi cadavérico, como consecuencia del ayuno excesivo.

Después de años de practicar el Camino Medio, Siddhartha alcanzó la Iluminación mientras meditaba a los pies del árbol Boddhi (una higuera). A partir de ese momento, se empieza a llamar propiamente Buda, que es sánscrito significa despierto.

Sí bien los relatos legendarios entorno a su vida encarnan las características sobrenaturales de un ser destinado a alcanzar la iluminación, es importante destacar que su doctrina no es una doctrina revelada, por el contrario, se basa en la propia experiencia, en las conclusiones de una mente que se ha cultivado para encontrar la sabiduría. El relato de la vida de Buda representa un camino, una búsqueda por la sabiduría personal que se hace accesible para todo practicante, lo que convierte al budismo en una doctrina de carácter universal.

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El buda es un término que describe a la persona que ha conseguido despertar de forma espiritual y que asume una felicidad sin sufrimiento.
Es importante resaltar que Buda no es una deidad, profeta o ente sobrenatural. El budismo no crea normas relacionadas a un ser supremo y su enseñanzas no son expresadas como dogmas, sino que son los mismos discípulos quienes deben examinarlas por sí mismos, para posteriormente asumirlas interiormente.

El objetivo del budismo es la erradicación de los sentimientos de descontento vital, también conocidos como dukkha, la cual es generada por el deseo ansioso o avaricia. Este, al mismo tiempo, es resultado de una apreciación incorrecta sobre la naturaleza de la vida, el ser o la existencia.


Budismo Zen Es una de las clases de budismo. Se originó en China, durante el siglo VI, se caracteriza por la expresión de una sola esencia de Buda y todos los entes, en la simbolización de la vía natural, el tao, que es más sobresaliente que todos los procedimientos teóricos. A diferencia de otras disciplinas, el budismo zen difunde la lucidez inmediata. El intuicionismo y el irracionalismo propio del budismo zen han llamado la atención de los filósofos de Estados Unidos y la Europa occidental.

Budismo Tántrico El budismo tántrico nació en el interior de las costumbres propias del budismo mahayano. Los tantras son libros que fueron difundidos de forma secreta durante los siglos V y VI después de Cristo. Dichos textos se originaron en la India. Los tantras promueven invocación a los dioses, los cantos sagrados, la meditación, la gesticulación corporal y la búsqueda de poderes sobrenaturales.
El budismo tántrico se centra en el presente más que en el nirvana (etapa de liberación de todo sufrimiento) en un objetivo futuro. Fue introducido en el Tíbet por Padmasambhava, allí alcanzó gran notoriedad.

Budismo Mahayana Este tipo de budista es mucho más liberal que el budismo theravada, el mahayana plantea que todo el mundo puede conseguir la salvación. Mahayana quiere decir gran vehículo, y como variante del budismo surge en el siglo I después de Cristo. Es parte de los tipos de budismo experimentado en zonas como el Tíbet, Nepal, China, Mongolia, Corea, entre otros. Hay expertos en el budismo que han expresado que el 50 por ciento de los budistas practican esta clase de budismo. Su ejercicio elude diversos modos de adoración popular y cree que el objetivo de la vida no es conseguir la perfección, sino asistir a los demás a lograr la iluminación. Utilizaran así la sabiduría y la compasión como herramientas para conseguir la iluminación. Entre las disciplinas budistas mahayanas más notables se pueden destacar la Tierra Pura y el Zen.

Budismo Theravada Es el tipo de budismo más antiguo, según su filosofía, la salvación es posible únicamente para quienes hacen el esfuerzo apropiado para conseguirla. Esto significa que los laicos no están dentro del camino hacia la iluminación. Expertos del budismo indican que el budismo theravada es practicado por el 30 por ciento de los budistas. Esta variante del budismo se ejerce en países como Tailandia, Laos, Camboya, Sri Lanka, entre otros. Sus normas respetan las costumbres del siglo III antes de Cristo. El Tipitaka es su doctrina esencial. Los practicantes de la theravada niegan a los bodhisattavas, debido a que su objetivo es transformarse en entes perfectos. 


Fuente.
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El budismo es básicamente una religión no-teísta, pero también representa una filosofía, un método de entrenamiento espiritual y un sistema psicológico. Ha sido desarrollado a partir de las enseñanzas del Buda Siddharta Gautama, quien vivió en el noreste de la India en el siglo V A.C.

El buda o buddha es un concepto que define a aquel individuo que ha logrado despertar espiritualmente y que lleva una felicidad libre del sufrimiento. Cabe destacar que Buda no es un ser sobrenatural, un profeta o un Dios. El budismo no realiza postulados respecto a un Creador y sus enseñanzas no son dictadas como creencias o dogmas, sino que son los mismos practicantes quienes deben comprobarlas por si mismos para luego interiorizarlas.

El propósito del budismo es la eliminación de los sentimientos de insatisfacción vital (dukkha), producida por el anhelo ansioso (entendido como sed, deseo o avaricia). Este, a su vez, es producto de una percepción equivocada acerca de la naturaleza de la vida, la existencia y el ser.

La erradicación de esta situación se produce cuando el individuo logra despertar y adquiere una comprensión profunda de la realidad y el ser (la iluminación). Para alcanzar este estado, el budismo promueve diversas técnicas para desarrollar la meditación y alcanzar la sabiduría.

Es importante tener en cuenta que el budismo no se encuentra organizado en una jerarquía vertical (por ejemplo, no hay un líder como el Papa en el catolicismo). La autoridad religiosa se encuentra en los textos sagrados del Buda y en la interpretación que realizan los maestros y monjes.

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La palabra sánscrita" karma" significa acción, pero a lo largo del tiempo --el sánscrito tiene cerca de 3000 años hablándose-- ha llegado a significar otras cosas, sobre todo, las consecuencias que tienen las acciones y la manera en la que se presentan en nuestras vidas. Todas las religiones que nacieron en la India --tierra fértil de religiones si la hay-- consideran que vivimos en un universo regido por la ley de la causa y el efecto y por lo tanto el karma es un concepto clave para entender el presente y buscar la liberación (liberarse de las causas y condiciones del sufrimiento). Una famosa frase dice que si quieres saber lo que has hecho antes, observa el estado de tu cuerpo ahora y si quieres saber cómo serás después, observa tu mente en este momento. 

Entre la pléyade de religiones originadas en la India, quizás sea el budismo la que más ha reflexionado e incluso sistematizado una teoría del karma. Decíamos que el karma no sólo es la acción, sino sus efectos; el budismo enseña, sin embargo, que para que las acciones inscriban efectos en el individuo --que tarde o temprano maduraran como semillas que llegan a su fruición-- es necesario que exista un componente intencional o volitivo en la acción. Si el karma es lo que nos sujeta a este mundo, es el deseo el que alimenta a ese karma. En el Cetana Sutta, el Buda explica:

Oh monjes, lo que uno intenta, lo que uno planea, y hacia lo que uno tenga tendencia: eso se convierte en la base del mantenimiento de la conciencia. Cuando hay una base hay un soporte para establecer la conciencia. Cuando la conciencia se establece y ha llegado a crecer, hay una producción de existencia futura renovada. Cuando hay una producción de existencia futura renovada, el nacimiento futuro, el envejecimiento y la muerte, la pena, el lamento, el dolor, el displacer y la desesperanza llegan a ser. Tal es el origen de toda esta masa de sufrimiento.

La intencionalidad se cristaliza, por decirlo de alguna forma, en nuestra conciencia. La conciencia es lo que permanece después de la muerte, según el budismo, y entonces es también el depósito del karma y de ella misma, como explica el Buda, se forma el cuerpo (el cuerpo que es finalmente sólo espacio mental congelado por la habituación). La tradición nos dice que el Buda comprobó esto, más allá de que fuera conocido por las diversas religiones de la India en su tiempo, investigando en su propio cuerpo y mente, con una ciencia interna. Los deseos, intenciones y voliciones que se producen ante los objetos de los sentidos se somatizan y forman sankharas o compuestos. Los compuestos son por definición sustancias impuras, equivalentes corpóreos a los karmas que deben purificarse para liberarse y por lo tanto son una especie de esencia samsárica. Paradójicamente no tienen una existencia inherente, existen solamente en relación a una mente dualista e impura

Para ampliar esta visión del karma, veamos como lo entiende el maestro de meditación budista Reginald Ray, alumno de Chogyam Trungpa, desde una perspectiva profundamente enraizada en la corporalidad. 

Ray señala en su libro Touching Enlightment: "Los asuntos inconclusos creados por el karma de las causas se manifiestan en los procesos incompletos de mente-cuerpo... que resultan en patrones de tensión. Cuando algo ocurre en nuestra mente, tendemos a sólo aceptar una pequeña parte de la experiencia total de manera consciente y bloqueamos el resto, así que ésta parte permanece atrapada en el cuerpo en la forma de sentimientos, emociones, intuiciones y sensaciones no reconocidas." Así tenemos que el karma, de hecho, es toda la profundidad inconsciente que no sólo es nuestra mente sino también la memoria del cuerpo. Ray sugiere que nuestro cuerpo es la cristalización de eones de acciones sostenidas por un continuum mental:

Esto incluye todo el karma irresuelto de todas las vidas de una persona, remontándose hasta un pasado ilimitado, que no puede ser sondeado en la situación inmediata, ya que reside debajo de la superficie, en el inconsciente universal (alaya) en la forma de trazos mentales y tendencias que surgirán en algún momento... 

Podemos pensar en nuestro cuerpo como el resultado puntual --casi una escultura dinámica-- de todo el karma que hemos creado anteriormente, el cual se almacena en lo que se conoce como alaya vijnana, la conciencia del substrato. E igualmente nuestra situación básica --el lugar donde nacimos, nuestros padres, las circunstancias favorables o poco propicias en las que crecimos, etcétera-- pueden entenderse como el resultado de nuestras acciones e intenciones en el pasado. En tibetano existe un término para referirse al karma residual leh tro, con este término se explica la maduración de nuestras aspiraciones, aquello que realmente queremos. Un ejemplo, una persona puede meditar y superficialmente decir que quiere ser un Buda pero su aspiración profunda puede ser tener una gran fortuna, un palacio, etcétera. El leh tro, haría que en su vida posterior o en alguna subsecuente, la persona cosechara esta aspiración de riqueza. Es por eso que se dice que es importante tener cuidado de lo que se desea y mantener aspiraciones puras. Señala Ray:

En cierto sentido, toda la vida se trata de lidiar con el karma que se desdobla, creando nuevas semillas kármicas y posiblemente resolviendo las viejas.

Esta perspectiva budista centrada en el cuerpo mantiene que si estamos completamente presentes, lo cual significa estar estrechamente integrados con nuestro cuerpo, no generaremos karma, posiblemente porque el karma surge como producto de la volición mental que se concibe como una entidad separada de los diferentes cuerpos. Nuestro cuerpo se presenta simplemente como un espacio abierto y poroso en el cual el universo mismo se interpenetra y se experimenta como pura sabiduría sin asidero ni reificación. "Creamos karma al nunca relacionarnos plenamente con las cosas que experimentamos o hacemos", dice Ray. Si estamos totalmente presentes y no añadimos el esmalte o fijador del pensamiento discursivo, las cosas sólo suceden: surgen y desaparecen, fluyendo sin dejar huella como un ave en el cielo o una imagen en un espejo.

Según Ray, al tener una experiencia, "nos separamos" y la procesamos desde "nuestra mente discursiva", esto hace que se quede suspensa una cierta cantidad de asuntos inclusos --que pueden ser sensaciones, emociones e intuiciones que no reconocimos o que bloqueamos. Un ejemplo para entender esto es cuando uno es niño y tiene una experiencia muy fuerte que además no suele entender bien, esta experiencia no logra integrarse y se almacena en el cuerpo y en el inconsciente. Uno pensaría que simplemente ha olvidado la experiencia, pero desde su profundidad, esta experiencia sigue in-formando la forma en la que experimentamos el mundo y nos relacionamos con las demás personas en la actualidad.

Una forma de apagar el cuerpo y las incomodidades que sentimos es, de hecho, retirándonos a nuestro obsesivo proceso de pensamiento. Entre más nos desconectamos del cuerpo, más recaemos en el pensamiento. La intensidad de nuestro pensamiento compulsivo es directamente proporcional a la capacidad que hemos desarrollado para dejar de experimentar el cuerpo en forma plena y directa. Nos hemos, de hecho, disociado de él.

El karma surgiría en gran medida debido a esta disociación que nos hace creer que somos otra cosa que el cuerpo. Pero Ray va más allá e incluso habla de un cuerpo cósmico, el cuerpo de la totalidad que se reconoce en nuestro propio cuerpo. "El cuerpo cósmico es el cuerpo primordial de la tierra, del mundo natural y sus criaturas no-humanas, del cual somos, en un nivel más profundo y sutil, encarnaciones y expresiones". Así, al disociarnos de este cuerpo, se crean también divisiones como sujeto y objeto, interior y exterior, etc., y por lo tanto surgen también los deseos de poseer los objetos o de avidez o aversión a las sensaciones que nos producen.

Queda entonces al lector investigar en su propio cuerpo y averiguar si puede detectar los karmas que están ahí enterrados, los cuales pueden surgir a la superficie una vez que se hace silencio y se corta el pensamiento discursivo o, también, notar acaso el momento exacto en el cual un karma se crea. De esta forma estará haciendo como el Buda, quien se dio a la tarea de descubrir en su propia experiencia, en su propio cuerpo, las leyes de la naturaleza y los principios que las viejas religiones habían sostenido como actos de fe. 


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